Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
2 Corintios 5:17
UNA PREGUNTA QUE MERECE SER CONTESTADA
Hay preguntas que no siempre queremos hacernos.
Una de ellas es:
¿Qué ha cambiado realmente en mí desde que conocí a Cristo?
Porque podemos cambiar de iglesia y seguir siendo los mismos. Podemos aprender nuevas palabras, cantar alabanzas, servir en un ministerio y hasta adquirir una apariencia profundamente cristiana… y, sin embargo, conservar las mismas heridas, resentimientos, actitudes o maneras de pensar.
La fe cristiana no consiste simplemente en aprender a comportarnos mejor.
El evangelio anuncia algo mucho más profundo: transformación.
Pablo no escribió: “Si alguno está en Cristo, mejor persona es.”
Escribió: “Nueva criatura es.”
La diferencia entre mejorar y ser transformado es enorme.
La disciplina puede modificar nuestro comportamiento, pero solo Dios puede transformar nuestro corazón.
01 · UNA NUEVA IDENTIDAD
“Si alguno está en Cristo…”
Pablo comienza hablando de nuestra posición.
Antes de preguntarnos qué hacemos, necesitamos entender dónde estamos.
Estar en Cristo significa recibir una nueva identidad y pertenecerle a Él. Ya no vivimos bajo el dominio del pecado ni bajo el gobierno absoluto de nuestros propios deseos.
Por eso Gálatas 2:20 declara: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.”
Estas palabras confrontan una de nuestras luchas más profundas: querer a Cristo como Salvador sin permitirle gobernar como Señor.
Queremos el perdón, pero no siempre queremos entregar el control.
Queremos sus bendiciones, pero seguimos queriendo decidirlo todo.
Sin embargo, seguir a Cristo cambia la pregunta.
Ya no se trata únicamente de: “¿Qué quiero yo?”
Sino de: “Señor, ¿qué quieres Tú?”
PARA REFLEXIONAR
Una nueva vida comienza cuando dejamos de colocar nuestro “yo” en el centro y permitimos que Cristo ocupe ese lugar.
02 · NO ES REPARACIÓN. ES CREACIÓN.
“Nueva criatura es.” Pablo no presenta al creyente como una versión reparada de su antigua vida.
Habla de una nueva creación. Jesús utilizó una expresión igualmente poderosa cuando habló con Nicodemo:
“Os es necesario nacer de nuevo.”
No le dijo: “Necesitas mejorar.”
Le dijo: “Necesitas nacer.”
Porque hay cosas que la educación no puede producir.
La disciplina no puede producirlas.
La religión no puede producirlas.
Ni siquiera una posición ministerial puede producirlas.
La transformación espiritual es una obra sobrenatural de Dios.
Tito 3:5 la describe como el “lavamiento de la regeneración y de la renovación en el Espíritu Santo.”
Y ahí encontramos una de las verdades más hermosas del evangelio:
Dios produce vida donde había muerte.
03 · TU PASADO NO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA
“Las cosas viejas pasaron.”
Estas palabras no significan que nuestra memoria desaparezca.
Significan que nuestro pasado ya no tiene que gobernar nuestra identidad.
Pedro recordó su negación.
Pablo recordó que había perseguido a la iglesia.
Pero ninguno permitió que aquello que había sido determinara aquello que Dios haría con ellos.
Quizá alguien pueda pensar:
“Pero tú no sabes lo que hice.”
Es verdad.
Yo no necesito saberlo. Cristo sí lo sabe.
Él conocía nuestros fracasos, nuestras heridas y nuestras debilidades cuando entregó su vida por nosotros.
Por eso, tu pasado puede explicar de dónde vienes…
pero no tiene autoridad para decidir hacia dónde vas.
No eres únicamente aquello que hiciste.
No eres tu peor fracaso.
No eres la versión de ti que quedó atrás.
Si estás en Cristo, tu identidad ha cambiado..
04 · UNA VIDA QUE COMIENZA A NOTARSE
“He aquí todas son hechas nuevas.”
La nueva creación no es solamente una declaración espiritual.
Comienza a verse.
Romanos 6:4 nos llama a:
“Andar en vida nueva.”
Andar.
No solamente hablar de una nueva vida.
No solamente pensar en ella.
Vivirla.
La transformación comienza a reflejarse en nuestra manera de hablar, pensar, responder y relacionarnos.
Efesios 4:31-32 nos llama a abandonar la amargura, el enojo, la ira y la malicia, para vestirnos de bondad, misericordia y perdón.
Porque cuando Cristo transforma el corazón, esa transformación comienza a alcanzar nuestra vida cotidiana.
Nuestra manera de hablar cambia.
Nuestra manera de tratar a otros cambia.
Nuestra manera de responder cambia.
Nuestra manera de enfrentar las circunstancias cambia.
No porque seamos perfectos… sino porque Cristo sigue obrando en nosotros.
CUANDO TODAVÍA HAY ÁREAS POR TRANSFORMAR
Tal vez después de leer esto alguien piense:
“Pero todavía hay cosas en mí que necesitan cambiar.”
Sí.
Y eso no significa que Dios haya terminado contigo.
Todavía pueden existir heridas que necesitan ser rendidas.
Hábitos que necesitan desaparecer.
Pensamientos que necesitan ser transformados.
Áreas de nuestro carácter que todavía necesitan estar bajo el gobierno de Cristo.
Filipenses 1:6 nos recuerda:
“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”
Qué hermosa seguridad.
Dios no abandona las obras que comienza.
La nueva criatura no es aquella que puede decir:
“Cristo cambió mi vida y ya no necesito que haga nada más.”
Es aquella que puede decir:
“Cristo cambió mi vida y todavía sigue cambiándome.”
La transformación continúa mientras permanecemos rendidos al Espíritu Santo.
UNA INVITACIÓN
Hay cosas que no fueron diseñadas para acompañarte en tu nueva vida.
Tal vez hoy necesitas dejar atrás:
La amargura.
El resentimiento.
La culpa.
La soberbia.
Una herida.
Un hábito.
Una manera de pensar.
Quizá Dios ya te pidió que soltaras algo que todavía estás intentando conservar.
La pregunta no es solamente:
“¿Cristo me salvó?”
También podemos preguntarnos:
“¿Estoy permitiendo que Cristo siga transformándome?”
UNA NUEVA HISTORIA
Dios no vino simplemente a hacer más soportable nuestra antigua vida.
No vino a colocar una capa espiritual sobre nuestras viejas heridas.
No vino a maquillarnos por fuera mientras dejamos intacto el corazón.
Dios hace nuevas todas las cosas.
Por eso no necesitas vivir eternamente mirando quién fuiste.
Puedes mirar a Cristo.
Tu pasado puede ser parte de tu historia, pero no tiene que ser el autor de tu futuro.
Tus errores pueden haber dejado marcas, pero no tienen la autoridad de definir tu identidad.
Tus heridas pueden explicar algunas de tus luchas, pero no tienen que gobernar tu destino.
Porque cuando Cristo entra en nuestra historia…
algo verdaderamente nuevo comienza..
PARA LLEVAR CONTIGO
“Dios no vino a reparar mi vieja identidad; vino a darme una nueva identidad en Cristo.”
Si estás en Cristo:
Eres nueva criatura.
Las cosas viejas pasaron.
Lo nuevo ha comenzado.
Y aunque todavía haya áreas que Dios está transformando…
Cristo aún está trabajando en ti.
UNA ÚLTIMA PREGUNTA
Antes de cerrar estas páginas, detente un momento.
No pienses solamente en lo que Dios ha cambiado.
Pregúntale:
“Señor, ¿qué área de mi vida todavía necesita ser rendida a Ti?”
Y cuando Él te muestre esa área, no huyas.
Entrégasela.
Porque la historia de una nueva criatura no termina con:
“Cristo cambió mi vida.”
Continúa diciendo:
“Cristo sigue cambiando mi vida.”
Y mientras permanezcamos en Él, la obra continúa.
Ps. Neri Vazquez